Construccion del proceso historico cultural en republica dominicana

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Dominicanos mestizos, blancos, negros, mulatos…, interactuando en el tiempo y en el mismo terruño por siglos y generaciones, hemos sido moldeados con una tendencia hacia el afianzamiento y conquista de símbolos y valores de la llamada Civilización Occidental, demostrado objetivamente en nuestras permanentes luchas libertarias, reivindicativas y sociales. Por nuestros constantes logros y reclamos al derecho a consumir los bienes culturales, por la justicia, el bienestar económico, la educación, el progreso y la civilización , demostrando, con hechos y logros, una efectiva vocación de progreso.

Hace 500 años hubo un choque cultural en nuestra isla, doloroso y cruento. La España medieval fue la cultura vencedora sobre la cultura nativa, hasta la casi total desaparición de esta. Es por todos conocidos la subsiguiente importación de esclavos africanos, la aparición del mulato y la división de la isla.
Esa fragua histórica de interacción cultural mixta ha acrisolado y modelado al pueblo dominicano. Nuestra vocación de progreso respecto no ha sido el aporte exclusivo de uno de nuestros “componentes” culturales, sino precisamente, la interacción de ambos: africanos y europeos, acomodándose a través del tiempo y las generaciones, salvándose mutuamente en las naturales fricciones, sin exterminios brutales ni excesos de unos a otros.
[B]La hibridación cultural puede ser y es más rica que algunos de los aspectos originarios que la conforman". (Marcio Velóz Maggiolo: “La racialidad dominicana”).[/B]
Necesario quizás sería recordar que una cantidad importante de los esclavos africanos importados a Santo Domingo provenían de “techos cristianizados”, cuya incorporación a la matriz cultural occidental no sería necesariamente traumática, facilitando la asimilación y predominio en el corpus social dominicano de los valores de dicha civilización occidental.

FOLCLOR VS VALORES TRASCENDENTES:
Los dominicanos mostramos un notable catalogo de evidencias, producto de la influencia cultural africana, manifestado singularmente en nuestro folclor; valores sincretizados en la fragua de relaciones y contactos permanentes con el otro vector proveniente de la cultura occidental. Ese catalogo de evidencias está a la vista de todos en la música, el ritmo, la danza, el baile…; valores estos pertenecientes al rango de las pulsiones vitales, las cuales no necesitan de vocación hacia lo trascendente , pues se expresan y resuelven en sí mismas: alegría, tristeza, placer, displacer…
Nuestro pueblo ha arribado al siglo XXI exhibiendo ostensibles diferencias. Uno, el dominicano, teniendo una definida vocación de futuro respecto a aquel. El otro, el pueblo haitiano, lastimosamente declarado por organismos internacionales como país no viable, el cual podría, incluso, ocasionarnos, “por un imperativo de sus necesidades”, la pérdida de nuestras más caras conquistas, vía una masiva migración en fuga permanente hacia nuestro territorio, combinado con la eclosión multiplicativa de los que aquí ya se han establecido.
Una LENTA y PERMANENTE migración de haitianos hacia nuestro territorio, sea como “imperativo de sus necesidades”, sea como “estrategia de supervivencia”, podría estar ya ocasionando un efecto neutralizante de los “sensores” que dispararían las “alarmas” del nacionalismo dominicano y podría estar ya ocasionando una armonización de rasgos culturales en la masa mayoritaria del pueblo dominicano, pues, recordemos que “si la imposición de cambios es lenta, podría ocurrir una armonización de rasgos en el discurrir del tiempo”. Desafortunadamente para los dominicanos, los haitianos han estado ejecutando UNA LENTA Y EN CONSECUENCIA, EFECTIVA PENETRACIÓN, NEUTRALIZADORA DE TODA POSIBILIDAD DE EXCLUSION, sometiéndonos a un nuevo determinismo modelante intra-insular que inhibe el brote de ese “Grito Primero de Necesidad y Libertad”, y de toda “hazaña libertaria”; que anula, incluso, toda posibilidad de rechazo, sino de simple asimilación, pérdida de la identidad dominicana, de fusión cultural con un disímil vector compuesto por un potencial de ocho millones de haitianos ejerciendo una lenta y sostenida presión hacia un territorio dominicano de igual cantidad de seres humanos [2001]. En efecto, no estamos presenciando un clásico choque de dos culturas (Transculturación), sino el acoplamiento, por lenta asimilación de “lo haitiano” en “lo dominicano” (Aculturación).

República Dominicana, en 500 años, ha estado siendo y ha llegado a ser una nación con identidad cultural propia y definida, producto específico de una particular historia de interacciones y eventos acaecidos hasta el presente.
Hoy, somos este producto cultural dinámico llamado República Dominicana, con las características generales que poseemos. Mañana, si los eventos y las interacciones varían de forma relativamente lenta ó acelerada, el producto variará de igual o relativa manera. ¿Seguiremos existiendo hasta que la clemencia haitiana se digne en preservarnos"?. Si la raza no produce la cultura; si la cultura es producto de procesos específicos de interacciones de un grupo humano con su entorno físico o social, esos procesos específicos marcaron las diferencias de rasgos culturales entre negros dominicanos y negros haitianos, mulatos dominicanos y mulatos haitianos…y solo la ignorancia por desconocimiento produciría declaraciones tales como: ¿"qué hacen separados esos dos países en una misma isla habitada por negros y mulatos?"
Quizás todas estas preocupaciones sean la expresión de una presentida nostalgia por la nación que se nos va. Por el dejar de ser lo que somos. Por el interrumpir lo que hemos estado siendo. Por un posible aborto de nación. Por un desarraigo que nos viene. Por esa cercana orfandad de patria. No se trata, finalmente, de defender o tratar de imponer un punto de vista personal narcisista referente a un tema de moda, sino de auscultar una realidad “por encima del bosque”; de aprehender una posible certidumbre que admita, incluso, todo válido argumento contrario, a los fines de esclarecer el mayor número posible de instancias sobre una realidad que debe preocupar a todo dominicano.
Por siglos, los dominicanos hemos logrado sobrevivir entre el acoso permanente de un Haití que busca en nuestro territorio su propia sobre vivencia; la frontera del mar Caribe y el lejano refugio de una España a veces esquiva y desdeñosa. Más, desafiando la incomprensión, aún estamos, todavía somos; aún seguimos siendo dominicanos.

BIBLIOGRAFÍA
PEREZ, Maria Luisa. [I]Lucha de clases[/I]. Ed. Marco Industrias. España. 1992.
VELÓZ Maggiolo, Marcio.[I]La racialidad dominicana. Ed. Sanité, Argentina, 1989. Págs. 234 [/I]
ZANS, Pedro José. [I]Cultura: principal medio de desarrollo.[/I] Ed. Magíster, Santo Domingo, 1987.
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